Competitividad 2.0: Por qué Uber sí?

Comunicaciones 2.0

Matthew Bennett, de The Spain Report, me llamó ayer para hablar de las noticias sobre Uber, y me citó en su pieza titulada “Judge in Madrid upholds unfair competition plea and orders Uber to cease operations across Spain“: no es mi papel defender a una compañía que puede pagarse muchos y muy buenos abogados, pero sí me resultó interesante ver el tono erróneo de la información en muchos otros medios que venían a hablar erróneamente de “prohibición” y pretendían pintar la decisión casi como “el fin de Uber en España”…
No tan rápido. Hablamos de un único juez que ha aprobado unas medidas cautelares a petición de una asociación de taxistas, asociación que tiene ahora que depositar diez mil euros para que esas medidas cautelares sean efectivas, y en ningún caso ha habido todavía ningún juicio ni se ha tomado ninguna decisión sobre el futuro de la compañía. El propio juez lo dice claramente: “no se trata de una cuestión de debate filosófico sobre la libertad de mercado en general y la economía cooperativa en particular”. La aprobación de unas medidas cautelares no supone en absoluto ningún tipo de veredicto judicial. Decisiones similares a esa ya las hemos visto en varios países, en Alemania, por ejemplo, hasta tres veces: medidas cautelares que son levantadas en un plazo de pocos días, y que se especula que forman incluso parte de la nonmarket strategy de la compañía. Ya veremos cómo evoluciona la situación en España en el tiempo, pero en este tema, contrariamente a lo que algunos pretenden hacer ver, está aún todo por decidir. En este momento, Uber funciona perfectamente en Madrid, ha anunciado su intención de apelar las medidas cautelares y de seguir funcionando, y las supuestas peticiones de retirada de la app son sencillamente ridículas. Si prestamos atención, además, al reciente informe encomendado por el gobierno británico sobre las actividades de la llamada sharing economy, impedir la actividad de empresas como Uber en un país como España, con la tasa de desempleo más elevada de todo su entorno, podrían llegar a ser calificadas como de irresponsables.
En general, la compañía se enfrenta a una situación de presión permanente ejercida a través de múltiples factores: en India, siendo un caso sobre el que es muy difícil opinar dadas las delicadas circunstancias que lo rodean, todo apunta a que no hablamos de un problema de Uber, sino de un problema estructural de la India: un país en el que la violencia sexual sobre las mujeres forma tristemente parte habitual del panorama, en el que las comprobaciones de seguridad son prácticamente imposibles de hacer debido a la nula fiabilidad de los registros públicos, y en general, de un caso que puede tener lugar tanto en Uber como en cualquier otra compañía, pero que ha sido utilizado de manera eminentemente populista por el gobierno local. No seré yo quien, en un caso tan desagradable y con una víctima de violencia sexual, exculpe completamente a la compañía sin tener información directa, pero sí hay fuentes fiables que lo hacen, y con buenos argumentos.
No estamos ante una compañía de taxis ni ante una cuestión que se vaya a solventar con una simple prohibición: reducir la discusión a argumentos banales e inciertos como “son ilegales”, “es economía sumergida” o  “no tienen seguro” únicamente refleja un planteamiento inmaduro. Estamos ante un intento de replanteamiento de cuestiones mucho más profundas, desde el transporte como servicio (cualquier tipo de transporte, desde pasajeros hasta mensajería, mudanzas, compras, etc.) hasta la economía de la posesión de un vehículo, el funcionamiento de las ciudades o incluso la naturaleza de las relaciones profesionales. Cuando Travis Kalanick se mete en semejante desafío, sabe perfectamente que el camino no va a ser fácil, y que se va a encontrar con obstáculos importantes a cada paso. Obstáculos que, por el momento, no han afectado en absoluto a su valoración. Por algo será.

Source: www.enriquedans.com

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