Entorno Económico: Factores de éxito de la economía de Corea del Sur

Comunicaciones 2.0

Eran una democracia joven cuando los intervino del FMI en 1997, una tragedia que les recordó el amargo sabor de la pobreza que algunas generaciones no habían tenido tiempo de olvidar después de décadas de fortísimo crecimiento. A pesar de eso y aunque están rodeados por enormes potencias comerciales con las que es difícil competir, han conseguido convertirse en un modelo exportador, innovador y de atracción de inversión extranjera parecido al que muchos desean para España.
A finales de los años noventa, Corea del Sur hubiera ganado pocos concursos de belleza entre las multinacionales que buscaban nuevos emplazamientos en todo el mundo. Tres de los motivos principales eran la intensa burocracia, el enorme poder de unas grandes empresas que limitaban la competencia con sus formidables contactos políticos y, por último, unas regulaciones laborales que favorecían la estabilidad muy por encima de la productividad. Era difícil reclutar talento y también prescindir de los trabajadores que ya no eran necesarios.
La situación ha cambiado lo suficiente como para que en estos momentos resulte mucho más fácil abrir un negocio en Seúl que en Madrid y eso es lo que reflejaron los ponentes que participaron en la Semana de la Inversión que celebró el Gobierno surcoreano durante la última semana de octubre.
Según el Banco Mundial, las condiciones son más ventajosas en nueve de los diez indicadores, que incluyen aspectos como los requisitos necesarios para lanzar una empresa, el acceso al crédito, el acceso a electricidad a un coste razonable o el nivel de opacidad de los trámites que hay que cumplir para pagar impuestos. España sólo gana en el coste y el papeleo que deben dedicarse a registrar el inmueble que convertiremos en nuestras oficinas. Aquí eso es más sencillo y más barato a pesar de la notable influencia de los notarios y de las tasas de los ayuntamientos.
Empezaron a limitar la potencia de fuego de las grandes empresas con nuevas regulaciones, la apertura de las compuertas a la competencia internacional y destinando decenas de miles de millones de euros a propulsar la existencia de unas startups que pudieran disputar algún día el poder de los conglomerados. La llegada de poderosos depredadores a su territorio, espoleada por ocho nuevos acuerdos de libre comercio firmados por ejemplo con la Unión Europea o Estados Unidos, ha forzado a Samsung o Hyundai a trepar rápidamente en la escala de valor.
Así se explica que Samsung sea hoy el mayor rival de Apple en todo el mundo aunque los smartphones aterrizasen relativamente tarde en Corea del Sur o que Hyundai empezase a conquistar el mercado del lujo con el lanzamiento de su modelo Genesis en 2009, que se erigiese como la séptima marca más valiosa de automóviles según Interbrand y que apostasen por fortalecerla aún más participando en el Campeonato Mundial de Rally de la mano de la petrolera Shell.

Skyline de la Zona Económica Especial de Incheon

La guerra por los inversores y los emprendedores
Para atraer a grandes inversores internacionales, que debían producir allí para exportar sus mercancías al resto del mundo, también necesitaban transformarse en un nudo de comunicaciones global. ¿Pero cómo lo haría un país sin apenas conexiones ferroviarias estables con otras nacionales por culpa de Corea del Norte? Pusan, localidad conocida por los enormes astilleros que derrotaron a los gallegos, asturianos o andaluces en los setenta y ochenta, se ha posicionado como el quinto mayor puerto del mundo en toneladas de carga. Aspiran ahora a convertirse en la parada obligada de las gigantescas embarcaciones comerciales que atraviesen las nuevas rutas del Ártico.
Las startups se beneficiarían de un maná de miles de millones que el Gobierno tuvo que frenar temporalmente cuando vio que los rendimientos eran muy inferiores a los esperados. Estaba jugando un papel de fondo de capital riesgo con los impuestos de todos para el que no tenía suficiente experiencia y conocimientos. Inició entonces una política de ‘matching funds’ por la que caminaría desde entonces de la mano del sector privado aunque la mayoría de las veces pusiera menos recursos que él en una proporción de siete a uno.
Muchas firmas se beneficiaron de aquella ayuda y de otras políticas que facilitaron la implantación de una de las mejores infraestructuras de telecomunicaciones del mundo. De esas astillas nació Naver, un buscador que ha doblegado a Google en Corea del Sur, o Kakao, que apenas ha dejado espacio alguno para Whatsapp o Line. Algunos de aquellos proyectos están valorados en más de 1.000 millones de dólares y han servido para promover una nueva generación de startups que ha conectado Silicon Valley y el distrito de Gangnam.
Startups, grandes conglomerados e inversores extranjeros también han cabalgado a lomos de las reformas laborales que se produjeron especialmente a finales de los noventa: crearon un entorno más flexible para la contratación y el despido y han permitido que el ajuste durante la crisis financiera actual no se produjera sobre todo a costa de recortar masivamente las plantillas. Nuestro país puso en marcha el grueso de la liberalización del mercado de trabajo en el epicentro de la peor crisis mundial de las últimas décadas.
Cuando la ciencia y la educación lo son todo
Tras las iniciativas de los últimos años, y según la Heritage Foundation, el mercado de trabajo ya es más flexible en España que en Corea del Sur. Mientras aquí se está traduciendo en menos recortes de plantilla y en los primeros signos de creación de empleo a cambio de sueldos cada vez más bajos, en Seúl o Pusan la apuesta del estado por la educación o la inversión en I+D les están permitiendo competir con China sin resignarse a unos ingresos y unos seguros sociales similares a los de la segunda superpotencia.
Es cierto que el salario medio es más bajo allí que en nuestro país pero también lo es, primero, que la proximidad con las factorías chinas y las de otros países enormes y especializados en mano de obra barata como India es mucho mayor, y segundo, que no cuentan con las barreras comerciales y capacidad de negociación de la Comisión Europea frente a Pekín o Nueva Delhi. Para compensarlo, la inversión en investigación y en desarrollo supera el 4% del PIB, más del triple de lo que gasta España en este capítulo, y sitúa a Corea del Sur como uno de los líderes mundiales.

Modelo Genesis de Hyundai en la Auto Week 2012 de Detroit

El rendimiento de esa partida resulta menor que en otros países como Alemania pero el volumen alcanza tal magnitud que sus principales empresas se encuentran entre las más innovadoras del globo gracias a las ayudas del Gobierno, a su propio esfuerzo presupuestario y a que han sellado alianzas con universidades que ya no se limitan a aceptar la subcontratación de servicios: han empezado a actuar como auténticos socios pidiendo no sólo una remuneración fija sino también un porcentaje sobre la rentabilidad final de, por ejemplo, una patente que ayuden a registrar. Solvay, el gigante químico belga, ha instalado el cuartel general de sus laboratorios en el corazón de la prestigiosa Universidad de Mujeres de Ewa, enclavada en Seúl.
Antes de llegar a la universidad, los estudiantes reciben una educación extremadamente exigente (y sobre todo pública) que los ha colocado entre los primeros del mundo en el ranking educativo internacional PISA. Es habitual que acudan a cinco academias distintas después de ir al colegio, que los padres tengan dos hijos a lo sumo para concentrar toda su atención y recursos en ellos para propulsar su educación y que, por ejemplo, el día de la selectividad se paralice el tráfico en todas las grandes ciudades surcoreanas hasta las once de la mañana para que los jóvenes no sufran el menor atasco (y se pongan aún más nerviosos) mientras acuden a examinarse a los grandes centros oficiales.
Muchos expertos e inversores extranjeros han cuestionado la capacidad para innovar masivamente en Seúl o Pusan porque el sistema educativo pone la disciplina y la jerarquía muy por encima del pensamiento crítico y creativo. El Gobierno ha inyectado millones de euros en los programas de intercambio con universidades extranjeras o ha permitido que centros como la prestigiosa KAIST modifiquen sus currículums para adaptarlos a las nuevas necesidades de una generación que ya no sueña sólo con la medicina, la función pública o las cadenas de mando de las grandes empresas, sino también con lanzar proyectos originales que rompan la baraja y desafíen la autoridad de los viejos modelos. Los fundadores de las nuevas empresas tecnológicas que valen en estos momentos al menos 1.000 millones de dólares como Coupang, Naver o Kakao completaron su formación con estancias en el extranjero.

Source: www.expansion.com

See on Scoop.itAnálisis del Macroentorno Económico: